A pocas cuadras de la estación San Javier del Metro de Medellín, justo en mitad de cuadra de una calle cercana a Casa Morada, se encuentra la residencia de Víctor Raúl Jaramillo “Piolín”, a la que llegamos a primera hora de la noche después de dar vueltas y vueltas intentando ubicar la dirección exacta. Por una escalera iluminada desde el segundo piso, subimos los empinados escalones, mientras el fundador de la legendaria banda colombiana REENCARNACIÓN nos recibe cálidamente con una sonrisa en su rostro, enmarcado por una barba algo encanecida y los grises cabellos cayéndole sobre los hombros, a la vez que nos invita a seguirle hasta su estudio, una estancia acogedora en la que se encuentran unos cuantos muebles, un equipo de sonido cuyos parlantes emitirán a lo largo de la velada canciones de los primeros álbumes de AEROSMITH y RUSH (de quienes Víctor es un fan y coleccionista) y estantes atiborrados de libros, ante los que tuve que contener el ávido lector que soy para no ponerme de pie y explorar a fondo el nutrido catálogo allí expuesto.

Mientras tomábamos asiento e intentábamos romper el hielo —Víctor se ha vuelto algo reacio a las entrevistas— trataba de organizar las ideas en mi cabeza porque, al fin y al cabo, ¿qué puede preguntársele a una persona que ha estado inmerso en la música por más de 30 años, respondiendo entrevistas para fanzines, revistas, magazines y documentales internacionales sobre su propia historia?

Porque, para quienes no la conozcan, la historia de REENCARNACIÓN podría fácilmente resumir el pasado, presente y futuro del Metal en Colombia. Fundada en 1984 en Medellín, en una época en la que el Metal Extremo estaba en su etapa embrionaria, REENCARNACIÓN combinó en su propuesta musical inicial elementos del Punk, el Hardcore y el Metal en una amalgama conocida entonces como “Ultra Metal”, un término nebuloso con el que se denominaba a cualquier banda que tocara más pesado que los suizos HELLHAMMER o los suecos BATHORY, en los días en los que el Metal no sufría de las innecesarias etiquetas e innumerables ramificaciones estilísticas que plagan este género del Rock. Aunque por entonces existían bandas similares (siendo PARABELLUM los indiscutibles pioneros de ese sonido cavernoso y salvaje) la ventaja de REENCARNACIÓN sobre sus congéneres fue que ellos sí grababan lo que hacían. Desde los comienzos de Víctor en una banda llamada PROFECÍA, transformándose en REENCARNACIÓN en 1984, la acogida de su primer demo, “Dioses Muertos” de 1987, les impulsó a meterse a un estudio de grabación, con todo lo precario que era en aquellos días grabar rock en Colombia, sin alguien que supiera siquiera cómo hacerlo, con una escasez de técnicas y equipos que, pese a todas las circunstancias, tendría un impacto que ha superado la prueba del tiempo.

¿Qué de todo lo que vivía y se experimentaba en ese tiempo, fue lo que lo impulsó a hacer esos primeros esbozos musicales con REENCARNACIÓN? “Escuchar a PARABELLUM” responde y después de una breve pausa y una risa contenida, voltea la cabeza, me dirige una mirada inquisitiva, agregando socarronamente, “¿Tengo que hablar más?” Y para contextualizar la respuesta, prosigue: “Me marcó mucho en el sentido del Metal. En esos momentos yo acababa de ingresar a PROFECÍA como vocalista, y lo que compuse como un tema ya terminado, que considero fue mi primer tema, fue ‘Reencarnación de la Luna’. Se grabó ese tema y, en ese momento, dije ‘Esto que estoy haciendo se va a llamar REENCARNACIÓN’. Pero lo que me dio la fuerza de decir ‘Esto es lo que yo quiero hacer’ fue PARABELLUM”.

«Esto que estoy haciendo, se va a llamar REENCARNACIÓN» — Fotografía: Nayibe Ballesteros O.

Porque si hay algo que REENCARNACIÓN llevó más allá, fue esa furia y visceralidad registrada en su primer acetato, y ese “hacerlo con las uñas”, donde podían más las ganas que la técnica o el pensar en el resultado, tomando ese “ultra metal” a nuevos niveles de agresividad y violencia, tanto en su música como en sus letras.

Y la ventaja de Víctor sobre sus amigos fue su peculiar iniciación. Los libros que consumía Víctor desde muy niño, en el estudio de su tío, mientras de fondo sonaba música clásica, fue la iniciación de ‘Piolín’ en esa mezcla de música y literatura que luego se vería reflejada en REENCARNACIÓN. “Me gustaba leer mucho y me metía en cosas muy fuertes por lo denso de los escritos. Pero ya volviendo a 1984, denso y fuerte era Medellín y creo que ahí hubo un empate, una reconciliación y decir ‘bueno, yo aprendí a leer estas cosas, ¿por qué no hacer algo?’Y bueno, lo hice. Desde muy sardino quería ser escritor, pero el Rock me encontró, o yo encontré al Rock, muy joven, muy niño, y eso me sirvió para muchas cosas, para seguir adelante”.

Entre esos textos, el bagaje de Nietzsche haría mella. El filósofo alemán habla de lo apolíneo y lo dionisíaco. ¿Esta forma de música tan extrema que se hacía en Medellín, más que dionisíaca era tanática? Más que Eros, más que Dionisio, ¿había un Tánatos ahí metido?

“Es que con el Tánatos solo uno no puede crear. Hay mucho Eros también metido. Es que el Eros es vida, es fuerza, es embriaguez. ¡Y nos embriagó tan fuerte el Metal en ese momento, que queríamos vencer a los que nos estaban quitando a la ciudad! ¡Imagínese eso! ¡Estábamos embriagados!”. Y es que precisamente, ‘El Canto de los Sepulcros’ es una canción inspirada en un canto del “Así habló Zaratustra” de Nietzsche y, más que contextualizar a Nietzsche en la letra, lo que hice fue pensar en el título que me pareció muy fuerte”.

«¡Religión y política, para la puta de la mierda!» — Fotografía: Marcela Ocampo

Fuertes y estridentes son los sonidos capturados a finales de febrero de 1988, durante las sesiones del LP “Reencarnación”, el primer larga duración de Metal Extremo grabado y prensado en Colombia. Porque si bien KRAKEN había grabado su epónimo álbum debut en 1987, prensado por una gran compañía disquera, el acetato conocido como “888 Metal” fue el primer LP independiente del llamado “Metal Medallo”. Y quedó como quedó.

Lo irónico es que ese sonido tosco y crudo, tan alabado y añorado por los puristas del Metal, quienes consideran ese aspecto un mérito y un valor a rescatar, obedecía más a condiciones técnicas paupérrimas —grabando con instrumentos malos y desafinados, guitarras torcidas, distorsiones “hechizas”— que a un resultado premeditado, que las generaciones actuales han querido emular y replicar, sin darse cuenta que la fortaleza del Metal en Colombia es la alta calidad de sus composiciones —especialmente en este primer LP— con la parte técnica como una de sus grandes fallas, y esta precariedad en la producción sigue siendo una de las grandes carencias del Metal en Colombia.

Con ocho temas y 36 minutos de duración, “Reencarnación “causó revuelo en el underground de aquel momento. Con una primera reedición de 1.000 copias y una segunda de 1.500, era algo inaudito para una banda colombiana de la época, sin apoyo de disqueras, aparatos corporativos, departamentos de marketing, emisoras juveniles, medios especializados o medios de comunicación masiva. Tan solo una gira promocional que les llevó a Bogotá, Pereira y Cali (teniendo como teloneros a unos incipientes INQUISITION), con todas las condiciones adversas que pudiera enfrentar una agrupación de aquel entonces.

Ese inesperado éxito les motivó a grabar el 7” EP “Acompáñame a la tumba”, lanzado en agosto de ese mismo año, y el demo “Alucinógeno”, limitado a 50 copias, marcaría el comienzo de un cambio en el sonido de la agrupación. El público que asistía a sus presentaciones, creía que la banda no había ensayado previamente, pero lo que sucedía en realidad era que la música ya estaba transformándose; en lugar de repetir “888 Metal” ad nauseam, Víctor y sus músicos optaron por explorar otros territorios. En las entrevistas de la época, ‘Piolín’ anunció que estaba trabajando en “Egipto”, descrito en aquel momento como un álbum conceptual. Se involucra mucho la música contemporánea, en el que la batería es inexistente y esa transición estética representó un fuerte golpe para quienes la agrupación tenía estatus de culto. Generando reacciones que iban desde el escepticismo y el descreimiento, hasta la desazón y decepción, sus seguidores no supieron cómo reaccionar. Muchos llegaron a afirmar que REENCARNACIÓN había muerto.

«Yo no pienso en un paso que deba dar» — Fotografía: Marcela Ocampo

¿Qué guió esa transición, esa exploración musical? “No sé. Nada lo guiaba” —responde pausadamente. “Lo guiaban momentos de estudio. Es decir, en el momento en el que estaba en el estudio grabado, o conceptualizando lo que quería. Fueron muchas, pero muchas horas de estudio y de 1990 a 1995. Tanto que habían riffs, cambios, fragmentos, violines y cosas, que borré del todo y empecé otra vez. Borraba este pedacito y jugaba con estos acordes, y le hacía hasta que salía. Hay que ser en cierta medida torpe en el sentido de la testarudez. Si yo lo hago, y estoy consciente de que las cosas van a salir bien, o inconscientemente lo hago y después lo miro, y me gusta, entonces queda. Si no, ¿qué se va a hacer?”

Siempre ha habido una fuerza exploradora en la música de REENCARNACIÓN, ya sea explorando sonidos o atmósferas, yendo siempre un poco más allá. ¿Cuál sería el próximo paso como músico? “Yo no pienso en un paso que deba dar, en el sentido del proyectarme en el futuro, no. Considero que con lo que se ha hecho, se ha cumplido y siempre he sido muy sincero con ello. El caso es que REENCARNACIÓN ha sido todo lo que se ha hecho. Cuando salió el “Egipto”, la mayoría de la gente dijo que REENCARNACIÓN se había muerto. Y a mí realmente eso me tiene sin cuidado. Yo voy haciendo lo mío y no tengo proyectos en el momento. Simplemente estoy componiendo unas cositas, me reúno con Kayphaz, con Martín y con Laura (guitarra, batería y bajo actuales de REENCARNACIÓN), miramos qué se puede arreglar aquí, qué se puede sacar de aquí, qué podemos hacer, experimentamos con algunos sonidos, y sale algo. Pero no estoy pensando qué voy a hacer. No sé si será otro “Egipto”, si va a ser otro “888” o si voy a seguir con la línea de “Se puede vivir sin dios”. No sé. En el “888” y en el “Egipto”, y en “Se puede vivir sin dios” hay mucha fuerza, mucho esquema catártico. En la medida en que uno pasa por todos los frentes emocionales y de pensamiento, más que de intelecto, es más de embriaguez. Y ver cómo es el asunto, ver cómo se puede dar. Si resulta, bien. Y si no, ¿qué más se va a hacer?”

Pero muchas bandas tocan es para gustarle a otros y no porque les nace hacer música. Justo en el momento el momento de más baja productividad del Metal en Medellín, cuando el efecto fractal se reflejaba en la copia mutua de sonidos entre bandas, ‘Piolín’ hizo una breve pausa para reflexionar: “Por ahí en el 96, 98, me dije ‘¿Qué es esto? ¡A la gente ya no le gusta crear! La gente lo hace es para que los escuchen y gusten, para que puedan salir en la televisión, en la radio, pero ¿qué es esto? ¡Esto es una torpeza!’ Al menos ahí, dije ‘esto va mal… ¡esto va mal!’ Y hubo un momento de respiro por allí en el 2008, 2009, 2010… pero después otra vez lo mismo. Creo que Medellín está cogiendo un rumbo diferente a nivel de música. Ya hay mucha gente interesada en la música. Este año se declararon los tributos al Metal Medallo, los 30 años de REENCARNACIÓN y cada vez hay más cosas que van diciéndole a los muchachos nuevos ‘Vea, es que ustedes no saben qué es esto, es que ustedes tienen que escuchar esto’ porque no tenemos conciencia histórica. Apenas estamos empezando a construirla. ¡Y mirá que no nos quedamos encerrados en un solo género, sino que es diverso y uno con la música debe ser así, y en esta ciudad uno tiene que decir, “No, huevón, apertura, porque es que aquí hay de todo!”.

¿Por qué las bandas de aquellos años han dejado su huella en la cultura popular, han dejado un impacto que perdura en el tiempo y siguen haciendo buena música? ¿Tal vez se deba a algo generacional, a algo que se vivió sólo en ese tiempo y espacio específico?

“Yo no sé lo que pasó, el hecho fue que eso fue un accidente salir con eso. Nadie se preguntó ¿vamos a hacer Ultra Metal? No. ¿Vamos a hacer Metal? No. Se metieron a hacer las cosas y salió así. Eso era lo que mostraba la ciudad, huevón. Esa contundencia era lo que nos mostraba la ciudad. Ahora es una cosa light, de marketing”.

«Eso no fue así huevón...» — Fotografía: Marcela Ocampo

Y debajo de ese marketing, todavía sigue habiendo mucha cosa sórdida, brutal, horrible, que pasa aquí, pero que parece que nadie se diera cuenta. Antes eran las bombas y las masacres…“O puede ser que nos acostumbramos a la muerte y se acabó el asunto”, acota Víctor, terminando la idea. “Yo siempre he pensado que en los 80s hubo un estallido el hijueputa, no sólo aquí sino en todas partes, pero… los músicos de ahora no son viscerales. Son muy de la técnica, pero muy poco del sentir la fuerza, la mierda, la rabia tan hijueputa que sentíamos, el odio tan doble hijueputa que sentíamos”. Es como si tanta cultura light y tanto marketing hubieran logrado domeñar ese espíritu visceral que pudiera tener la generación actual.

“Por eso digo yo. La década de los 80s tanto para la creación como para la destrucción fue fenomenal, ¿me entendés? O se destruía muy bien o se creaba muy bien. Acababan hasta con el putas, o se salvaba hasta el putas. Es que si yo no hubiera hecho música, yo hubiera sido un asesino, yo me hubiera muerto muy sardino. Yo pienso en eso. Pues… quizás, haciendo una retrospectiva. Tal vez no era así, como dice el Señor Destino”.

¿Esa misma necesidad de hacerlo tan visceral le da una textura diferente? “Claro que es una textura, a pesar de que sea sonido, pero es una textura, como si uno estuviera pasando la yema de los dedos por donde se pasan los fósforos para prenderlos. Como vidrio pegado con ‘sacol’…”

Hice una pausa mientras Víctor se enteraba de algunos detalles sobre el Festival del Diablo, miraba la publicidad que se había imprimido para repartir, tanto los volantes como el afiche del evento. Cuál no sería su sorpresa cuando, luego de leer en voz alta los nombres de las bandas participantes, siguió con los patrocinadores: “¿Guitarras Fernandes? ¿Y estos qué hacen aquí?” dijo por lo bajo y, después de una breve pausa, tomó aire para exclamar, sorprendido, “¿NUCLEAR BLAST? ¡Ahora sí me caspié!”

Luego que Víctor nos contara un poco del repertorio que podría interpretar el ensamble de músicos ‘Tributo al Ultra Metal”, que reúne a miembros de algunas de las bandas con mayor impacto en la historia y escena del metal colombiano tratamos regresar al tema que nos ocupaba esa noche.

La conversación fluía de manera calmada y pausada, mientras Víctor organizaba ideas y su voz cambiaba de tono y matiz según quisiera enfatizar la idea o hacer una remembranza. De fondo, seguía sonando la música de RUSH y como nos acercábamos al final de la velada, aproveché el momento para que, siendo Víctor tan seguidor del trío canadiense —y antes de despedirnos— atendiese a una intervención final, preguntándole si el “Ultra Metal” lo consideraría como el polo opuesto de estos sonidos tan elaborados y trabajados.

“Yo no lo pondría en el otro polo. Yo lo pongo en el medio. Es como si nosotros hubiéramos atravesado eso de un momento a otro (haciendo un gesto de explosión con ambas manos—  ‘PUM! HIJUEPUTA! ¿Me entendés? Nosotros ya no queríamos seguir haciendo eso. Un Estallido. Por eso te digo que fue un accidente. ¡Yo no sé qué pasó! Yo no pienso que Caliche y Cipriano (de PARABELLUM) —no quiero hablar por ellos— pero no pienso que se hayan sentado a decir ‘bueno, este ritmo aquí con esa cosita aquí, para que produzca este impacto, y después este cosito aquí para que…’ ¡NO! ¡Eso no fue así, huevón! ¡En cambio ahora lo piensan! ‘Acordate del silencio aquí, para que la gente quede callada y de pronto griten’ ¡Hacen hasta los coros para que la gente los haga! ¿Me entendés?” Muy ‘libreteado’. Cero espontaneidad, cero visceralidad. Cero sentimiento, cero emoción. Pensando más en el producto final y centrándose menos en la catarsis creativa.

Tal vez por eso aún, después de 30 años, la música de REENCARNACIÓN siga siendo relevante hoy día. Porque más allá de las modas musicales o las tendencias del mercado musical, Víctor Raúl Jaramillo sigue siendo un músico honesto consigo mismo, fiel a lo que siente y leal a su espíritu creativo, dionisíaco, que pese a lo sosegado y pausado de su hablar, logra transformar su furia en música, más allá de la destreza interpretativa, generando expectativas distintas aún, 30 años después de que iniciara su batallar por el movimiento underground y colombiano. Muchos dirán que su primer LP está sobrevalorado, que en realidad no es del todo Metal, que parece más Hardcore que otra cosa. El hecho que la producción de ese primer LP haya estado llena de fallas y errores carece de toda importancia hoy día y su mérito no radica en lo complejo de su música o sus altas habilidades técnicas, sino en la falta de esto mismo. Sea como sea, lo cierto es que no puede encasillarse en una sola corriente del Heavy Metal, sino en varias a la vez. Y en la tremenda honestidad musical y creativa de la mente de Víctor Raúl Jaramillo.

(Crónica surgida a partir de una entrevista realizada a Víctor Raúl Jaramillo, en la noche del 25 de octubre de 2014)

por Daniel Melndez / Cronicas Estigias

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